LECCIÓN 6 Literatura y Griega
Calaverita Literaria: Composición
escrita: redactar calaveritas literarias originales, creativas, ingeniosas,
pero respetuosas, con temáticas escolares y actuales, puedes incluir maestros
(a) y compañeros. Revisar la ortografía y la redacción el trabajo se entregarán
ña última semana de octubre.
LITERATURA
GRIEGA
Calaverita
Literaria
Composición escrita: redactar calaveritas literarias originales,
creativas, ingeniosas, pero respetuosas, con temáticas escolares y actuales,
puedes incluir maestros (a) y compañeros. Revisar la ortografía y la redacción
se entregarán a partir de esta semana y hasta la próxima semana.
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ACTIVIDADES
PARA REALIZAR EN CASA
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Ø
El contenido de la obra la Ilíada de Homero la
puedes disfrutas con la película Troya protagonizada por Brad Pitt
Ø
El contenido de la obra la Odisea de Homero la
encuentras en la película https://www.youtube.com/watch?v=ewntbZxcpks
Ø
En caso de no desear ver las películas puede consultar sinopsis
de las obras
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INSTRUCCIÓN: En los espacios libres favor de
ocuparlos en la práctica de la lectura de la obra Tropical
am 581 de la autora Soffi P.
Guido, misma que será evaluada del 5 al 9 de noviembre.
ACTIVIDAD:
Reúnete con tus compañeros para resolver el siguiente cuestionario, anta las
respuestas alejadas de las preguntas
¿Quién es Homero de la antigüedad
griega?
¿Cuál es el argumento de la
Ilíada?
¿De qué habla la Odisea y
menciona los valores universales que maneja?
¿Quién es Hesíodo y qué género
literario utiliza?
¿Quién es Safo y qué género
literario cultiva?
¿Quién es Píndaro, menciona el
género literario que emplea?
¿Cuál es el contenido de la
obra Orestiada de Esquilo?
¿Cuáles son los temas que
aborda Sófocles en sus obras?
¿Qué critica Arístófanes en su
obra Asamblea de mujeres?
ACTIVIDAD:
Disfruta de la siguiente lectura, coméntala con el equipo de trabajo y
determinen las diferencias de la vida de una mujer de la antigua Grecia con las
mujeres de la actualidad. Consultar en un diccionario los términos
desconocidos.
Un día en la vida
de una mujer en la Atenas clásica
A los veinte años, una ateniense del siglo V o IV a.C.
estaba entrando ya en el último tercio de su existencia, porque en esa época la
expectativa de vida femenina no llegaba a los treinta años; en ello tenía mucho
que ver la maternidad, que se relacionaba con la muerte de una de cada cuatro
mujeres. Imaginemos que esa mujer se llama Eudoxia. A los catorce años se había
casado con el heredero de una hacienda (oikos) de tamaño medio, que ya
había cumplido los treinta. Al principio estuvo en una posición secundaria en
la casa de su esposo, a la que se trasladó después de la boda; pero, ahora que
ya es madre de dos hijos, ejerce de dueña y señora. No en vano había aportado
al matrimonio una dote importante, mientras que la hacienda de la familia del
esposo se había visto disminuida en parecida proporción para constituir la dote
de la cuñada de Eudoxia.
En la casa de su familia de origen, Eudoxia aprendió
las labores femeninas y recibió una serie de enseñanzas que garantizaban su
valor como futura esposa de un ciudadano hacendado. De esta forma, ahora puede
leer y escribir con soltura, sabe tocar la lira y puede controlar la educación
de sus propios hijos, hasta los siete años la de los varones y hasta su
casamiento la de las féminas, aunque cuente para ello con la ayuda de esclavos
ilustrados.
Las ocupaciones matutinas. Se puede decir que Eudoxia
es una mujer feliz, querida y respetada por todos, porque asume su papel de
esposa y madre con el mismo sentido del deber con el que su marido se entrena
para la guerra y acude al combate cuando es necesario. A él le corresponde
asegurar la pervivencia de la comunidad con las armas, y a ella, alumbrar y
criar hijos que sustituyan a los muertos en el combate y a los ancianos. Por
otro lado, mientras el marido participa en la gestión política y en la
administración del Estado, ella, que no tiene que ausentarse por motivos
bélicos o de trabajo, se encarga de dirigir y administrar la casa.
Un día cualquiera, Eudoxia se despierta con la primera
luz del sol. Mientras da de mamar a su bebé, oye desde su dormitorio, situado
en la planta alta de la vivienda, el ruido de los esclavos que emprenden sus
actividades cotidianas, así como a su esposo que se dispone a salir. Su hija
mayor, de cuatro años, se ha levantado ya de la cama; aunque toma otros
alimentos, no ha dejado todavía de ser lactante, pero es la nodriza quien se
ocupa de ella.
Cuando ha terminado de dar el pecho al pequeño,
Eudoxia retira rápidamente de su rostro la mascarilla a base de leche aplicada
la noche anterior y se recoge el cabello en una especie de moño. Luego se cubre
con un sencillo peplo de lana fina, una pieza rectangular que enrolla en torno
a su cuerpo y sujeta en los hombros por medio de fíbulas. Tras coger las llaves
de la despensa, baja por la escalera de madera a la planta inferior, donde
están la cocina y el gran patio central desde el que se accede a las distintas
dependencias. Allí la esperan dos esclavas atentas a sus órdenes. Eudoxia pide
a una de ellas que saque agua del pozo para lavar unas piezas de vestuario,
mientras se dirige con la otra a la despensa para sacar las vituallas del
desayuno. Come unos trocitos de pan de cebada mojados en vino y bebe leche de
cabra.
Ahora hay que repasar las cuentas y el registro de las
existencias. Eudoxia abre un arcón y saca una tablilla encerada. Apunta la miel
y los higos producidos en la hacienda, que uno de los esclavos llevará a vender
en el mercado del ágora de Atenas. Y reflexiona sobre lo que debe pedirle que
traiga de allí. La casa está en las afueras del área urbana propiamente dicha,
de modo que el esclavo debe recorrer un largo camino a pie y no es cuestión de
que vaya todos los días. Tal vez sea mejor que se lleve el asno y concentre los
encargos, lo que lo dejará libre para otras tareas. Lo habla con su esposo, que
se encuentra todavía fuera de la casa.
Luego Eudoxia da una vuelta por la habitación en la
que está instalado el telar. Allí encuentra a su pequeña curioseando las tareas
en las que todavía no la dejan participar. La madre de su esposo, viuda y, para
la época, ya anciana, se entretiene hilando, porque ya no tiene la vista
necesaria para tejer. Le está contando a su nieta el mayor orgullo de su vida:
había sido una de las arréforas, las dos niñas de entre siete y once años que
se elegían anualmente para pasar nueve meses en un edificio de la Acrópolis
ateniense, tejiendo el magnífico peplo que recibía la diosa Atenea cada cuatro
años. Esa historia, tantas veces repetida con todo lujo de detalles, provoca
siempre entre las mujeres presentes un murmullo de admiración. Es el honor
público más grande que cabe imaginar para una niña ateniense.
Arreglarse para
salir. Después de controlar la tarea de las tejedoras y darles las
instrucciones oportunas, Eudoxia coge de la mano a su pequeña y se dirige con
ella a cumplir un ritual cotidiano de la mayor importancia. Se acercan al altar
de la diosa Hestia, protectora del hogar. Eudoxia derrama sobre él unos granos
de trigo, con una fe profunda en que ese acto de piedad asegura la protección
divina de la casa. La niña observa en silencio lo que tendrá que hacer ella
misma el día de mañana, y luego cruza el patio correteando en busca de su
muñeca.
Ha llegado el momento de que Eudoxia se prepare para
las actividades fuera del hogar previsto para ese día. Una de las esclavas ha
llenado una pila con el agua de su aseo personal y luego la va a ayudar a
maquillarse y peinarse, algo imprescindible porque los espejos metálicos de la
época son pequeños y no reflejan como los modernos. Una vez acicalada, Eudoxia
sustituye el sencillo peplo de lana por una llamativa túnica que deja traslucir
las formas del cuerpo. También es una pieza rectangular sin hechura alguna,
pero de un lino muy vaporoso, teñido con un color chillón. Está cerrada por una
costura lateral, formando una especie de saco, que en la parte superior deja un
amplio escote y los brazos a la vista. Se ciñe mediante un cinturón que forma
un repliegue sobre las caderas.
Ahora la esclava acerca a Eudoxia el cofre de las
joyas. Primero coge dos brazaletes iguales trabajados en espiral, que imitan la
forma de una serpiente. Luego duda sobre los pendientes, decidiéndose por dos
grandes aros con colgantes. Después se pone un collar de piedras finas
combinadas con piezas de metal. Finalmente, añade al peinado algunos adornos y
se encuentra satisfecha con la imagen que le devuelve el espejo. Elige unas
sandalias primorosamente trenzadas y baja rápidamente la escalera, porque la
posición del sol le indica que tendría que haber salido ya.
En compañía de las amigas. Eudoxia cubre con prisa,
acompañada por una esclava, la distancia que la separa de una de las casas
vecinas. Allí se han reunido cuatro mujeres de su misma condición social para
pasar juntas la tarde, lo que incluye para ellas la comida principal del día.
Se acomodan en lechos, delante de los cuales hay platillos de cerámica con
aceitunas, higos, queso y pescado seco. Se cruzan cumplidos sobre el vestuario
y el aspecto físico, y se interesan mutuamente por las circunstancias
personales. Una de ellas anuncia que cree estar embarazada. La abrazan y le
desean un parto feliz. Otra cuenta con quién había coincidido el día anterior
mientras cumplía con el deber de realizar el ritual funerario en la tumba de su
esposo, muerto en la guerra. Eudoxia habla de sus pequeños. La cuarta mujer
está preparando la boda de su hija: comenta los detalles y pide consejo a sus
amigas sobre algunos detalles de la celebración. La dueña de la casa coge su
lira y acompaña con ella unos versos de la adorada poetisa Safo, que hacen
vibrar a las demás. Antes de ponerse el sol, Eudoxia se despide de sus amigas y
regresa a su casa, de nuevo acompañada por una esclava. Ha pasado una tarde
estupenda y está bien dispuesta para compartir el lecho con su esposo, bajo el
signo de Eros.
ACTIVIDAD:
En equipo lean los siguientes fragmentos de autores griegos identifiquen los
temas que plantean en las obras, finalmente indiquen al margen con acotaciones,
el prototipo textual y el género literario al que pertenecen.
FRAGMENTOS DE OBRAS
LITERARIAS GRIEGAS
En mi sueño cerca se me aparece de Safo
En mi sueño cerca se me aparece
tu graciosa imagen, sagrada Hera,
la que los ilustres reyes Atridas
vieron con ruegos;
sin hacer ofrendas a ti y a Zeus
y al amable dios que engendró Tiona.
Sacrificios puros te ofrece el pueblo
hoy como entonces:
las doncellas traen un hermoso peplo
y a tu altar se agrupa junto con ellas
la apretada fila de las mujeres...
tu graciosa imagen, sagrada Hera,
la que los ilustres reyes Atridas
vieron con ruegos;
sin hacer ofrendas a ti y a Zeus
y al amable dios que engendró Tiona.
Sacrificios puros te ofrece el pueblo
hoy como entonces:
las doncellas traen un hermoso peplo
y a tu altar se agrupa junto con ellas
la apretada fila de las mujeres...
A Hierón de Siracusa de Píndaro
Acompañar con bárbito al espíritu y la voz, embotados por el vino, (el bárbito)
que inventó antaño el lesbio Terpandro
al oír en los banquetes de los Lidios
el tañido repicante de la esbelta pectis. No ensombrezcas los placeres de la vida; mucho más llevadero
es para el hombre una existencia placentera.
Amar y corresponder al amor
¡hagámoslo en su momento oportuno!
¡No prosigas, corazón, porfía
envejecida más de la cuenta!
.. y los encantos de los amores que envía Afrodita,
para echar ebrio, con Químaro, un cótabo (*)
por Agatónides...
(*) El cótabo fue un juego de moda en Atenas entre los siglos VI a IV a.C. consistente en arrojar el resto del vino de la propia copa en un recipiente metálico homónimo del juego que, al desequilibrarse y chocar con otro colocado a propósito, tenía que emitir un sonido nítido especial. Al hacer esto, se pronunciaba el nombre de una persona, de manera que actuaba como "oráculo amoroso".
Acompañar con bárbito al espíritu y la voz, embotados por el vino, (el bárbito)
que inventó antaño el lesbio Terpandro
al oír en los banquetes de los Lidios
el tañido repicante de la esbelta pectis. No ensombrezcas los placeres de la vida; mucho más llevadero
es para el hombre una existencia placentera.
Amar y corresponder al amor
¡hagámoslo en su momento oportuno!
¡No prosigas, corazón, porfía
envejecida más de la cuenta!
.. y los encantos de los amores que envía Afrodita,
para echar ebrio, con Químaro, un cótabo (*)
por Agatónides...
(*) El cótabo fue un juego de moda en Atenas entre los siglos VI a IV a.C. consistente en arrojar el resto del vino de la propia copa en un recipiente metálico homónimo del juego que, al desequilibrarse y chocar con otro colocado a propósito, tenía que emitir un sonido nítido especial. Al hacer esto, se pronunciaba el nombre de una persona, de manera que actuaba como "oráculo amoroso".
Orestiada de
Esquilo
CLITEMNESTRA. No me
avergonzaré de decir lo contrario de muchas cosas dichas antes oportunamente.
Pues, ¿cómo el que prepara acciones enemigas contra sus enemigos que fingen ser
amigos, podría tender los hilos de la perdición a mayor altura que su salto? Este
encuentro no he dejado de meditarlo hace tiempo: la lucha del desquite ha
venido a la postre y estoy donde he herido, sobre la obra realizada. La realicé
de manera -y no lo negaré- que no pudiera huir ni evitar su muerte. En torno
suyo extiendo una red sin escape, como la de los peces, una tela de fatal
riqueza. Le hiero dos veces, y con dos gemidos se debilitan sus miembros; caído
ya, le doy un tercer golpe, ofrenda votiva al Hades subterráneo, salvador de
los muertos. Así, cayendo, exhala su alma, y lanzando con su aliento un vómito
impetuoso de sangre, me alcanza con las negras gotas de sangriento rocío,
alegrándome no menos que la lluvia de Zeus alegra a los sembrados al brotar la
semilla.
Odisea de
Homero
«Amigos, este hombre ha
llevado a cabo una gran maldad contra los aqueos: a unos se los llevó en las
naves, a muchos y buenos, perdiendo las cóncavas naves y a su pueblo; y a otros
los ha matado al llegar; a los mejores con mucho de los cefalenios. Conque,
vamos, antes que llegue rápidamente a Pilos o a la divina Elide, donde mandan
los epeos, vayamos nosotros, o estaremos avergonzados para siempre, pues esto
es un baldón incluso para los venideros si se enteran; porque si no castigamos
a los asesinos de nuestros hijos y hermanos, ya no me sería grato vivir, sino
que preferiría morir enseguida y tener trato con los muertos. Vamos, que no se
nos anticipen a atravesar el mar.»
Los trabajos y los días de
Hesíodo
Al salir las Pléyades, hijas
de Atlas, comienza la recolección, y la labranza cuando ellas se oculten. Se
ocultan durante cuarenta días y cuarenta noches; y cuando el año va corrido,
aparecen de nuevo en el momento en que se afila el hierro. Tal es el uso
campestre entre los que cultivan las tierras fértiles de los profundos valles,
lejos del mar retumbante. Debes estar desnudo cuando siembres, desnudo cuando
labres, desnudo cuando coseches, si quieres Ilevar a cabo los trabajos de
Demeter en el momento propicio, si quieres que cada cosa crezca en su estación,
y si no quieres, careciendo de todo, ir a mendigar en moradas extrañas, sin
recibir nada. Así fue como viniste a mí ya; pero yo no te daré cosa alguna, ni
añadiré más regalos. Trabaja, ¡oh insensato Perses! en la tarea que los Dioses
destinaron para los hombres, no vaya a ser que, gimiendo tu corazón, con tu
mujer y tus hijos, tengas que buscar el sustento en casa de tus vecinos, que te
rechazarán. Acaso lograras éxito dos o tres veces; pero si vuelves a
importunarlos, ya no lograrás nada; hablarás mucho en vano y será inútil la
multitud de tus palabras. Te aconsejo, pues, que empieces por pensar en el pago
de tus deudas y en evitar el hambre. Ante todo, procura tener una casa, una
mujer, un buey de labor y una servidora soltera que siga a tus bueyes. Ten en
tu morada todos los instrumentos necesarios, con el fin de que no hayas de
pedírselos a otros y de que no carezcas de ellos si se te rehúsan; porque
entonces pasará el tiempo y el trabajo quedará por hacer. No dejes nada para el
día siguiente, ni para el otro día, porque el trabajo diferido no llena el
granero. La actividad acrecerá tus riquezas, porque el hombre que difiere
siempre las cosas lucha con la ruina.
Los hijos del labrador Esopo
Los hijos de un labrador vivían en
discordia y desunión. Sus exhortaciones eran inútiles para hacerles mudar de
sentimientos, por lo cual resolvió darles una lección con la experiencia. Les
llamó y les dijo que le llevaran un manojo de varas. Cumplida la orden, les dio
las varas en haz y les dijo que las rompieran; más a pesar de todos sus
esfuerzos, no lo consiguieron. Entonces deshizo el haz y les dio las varas una
a una; los hijos las rompieron fácilmente.
- ¡Ahí tienen! -les dijo el padre-. Si también ustedes, hijos míos,
permanecen unidos, serán invencibles ante sus enemigos; pero estando divididos
serán vencidos uno a uno con facilidad.
“Nunca olvides que en la unión se
encuentra la fortaleza”.
El joven y el lobo Esopo
Un joven pastor, que cuidaba un rebaño de ovejas cerca de una villa, alarmó a los habitantes tres o cuatro veces gritando:
-¡El lobo, el lobo!
Pero cuando los vecinos llegaban a ayudarle, se reía viendo sus preocupaciones. Mas el lobo, un día de tantos, sí llegó de verdad. El joven pastor, ahora alarmado él mismo, gritaba lleno de terror:
-Por favor, vengan y ayúdenme; el lobo está matando a las ovejas.
Pero ya nadie puso atención a sus gritos, y mucho menos pensar en acudir a auxiliarlo. Y el lobo, viendo que no había razón para temer mal alguno, hirió y destrozó a su antojo todo el rebaño.
“Al mentiroso nunca se le cree, aún cuando diga la verdad”.
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NOMBRE:
GRUPO:
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ESCALA ESTIMATIVA DE LA LECCIÓN 6
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R
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B
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MB
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E
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Contesta
el cuestionario correctamente
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Realiza
la lectura de Un día en la vida
de una mujer en la Atenas clásica y participa en clase
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Identifica
las temáticas de los autores griegos en cada fragmento. Identifica el género
y subgénero al que pertenecen los fragmentos
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Muestra
evidencias de haber disfrutado de las películas (Participación en clase o
entrega resumen)
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Redacta
calaveritas literarias
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TOTAL,
DE PUNTOS OBTENIDOS
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